Aquel karma que funciona como un bumeran, que vuelve a golpearte con la misma fuerza que lo lanzas, casi tan duro como mi remordimiento al no tener sentimientos o al romper algunos, pero que nombre le coloco a los míos que fueron rotos en mi cara, a los que me dejaron sin lagrimas, sin suspiros, sin sueños, los que me cambiaron o quitaron el animo de ser alguien mejor, el karma que me hizo pagar día a día cada corazón que rompí, cada brasier que desabroche, cada labia que utilice, cada mirada y cada palabra mía de la que alguien fue victima, y entonces ahora debo esconderme en la dureza por no saber esperar algo que no llega, y es que ya un día te cansas, no esperas, no recibes, no volteas, dejas todo atrás a una velocidad impresionante llevándote por delante cada cosa o persona que te consigas en frente, hace mucho lance el bumeran y la verdad el miedo no es que me siga pegando, el miedo es volver a tener en la mano la oportunidad de lanzarlo.
Lo que mi boca calla, mis dedos lo escribiran.