Aquel karma que funciona como un bumeran, que vuelve a golpearte con la misma fuerza que lo lanzas, casi tan duro como mi remordimiento al no tener sentimientos o al romper algunos, pero que nombre le coloco a los míos que fueron rotos en mi cara, a los que me dejaron sin lagrimas, sin suspiros, sin sueños, los que me cambiaron o quitaron el animo de ser alguien mejor, el karma que me hizo pagar día a día cada corazón que rompí, cada brasier que desabroche, cada labia que utilice, cada mirada y cada palabra mía de la que alguien fue victima, y entonces ahora debo esconderme en la dureza por no saber esperar algo que no llega, y es que ya un día te cansas, no esperas, no recibes, no volteas, dejas todo atrás a una velocidad impresionante llevándote por delante cada cosa o persona que te consigas en frente, hace mucho lance el bumeran y la verdad el miedo no es que me siga pegando, el miedo es volver a tener en la mano la oportunidad de lanzarlo.
Mientras las personas que más quieres guardan su futuro en maletas para emigrar a un lugar mejor quedamos pocos con la esperanza de que todo mejore o quizás que llegue un golpe de suerte que nos saque de aquí y nos lleve a un futuro mejor junto a ellos, quedamos pocos esperando que las despedidas acaben o que llegue el día en que las despedidas llenas de lágrimas se conviertan en bienvenidas con rostros de alegría, quedamos pocos que queremos lo mejor en el piso o la tierra donde nos paramos, esperamos que vuelvan esos tiempos de gloria, esos que ahora recordamos como los días que éramos felices sin saberlo, sobre todo los jóvenes que tenemos una idea un poco más simple de “esos días”, es triste decir adiós o mucho peor prepararte para decirlo, no se trata solo de que día a día vemos como se afecta nuestro mejor patrimonio que es nuestro país, se trata de que nos separan cada vez más, no solo en distancia sino en pensamiento, que se trata de que nos enfrentamos a nosotros mismos, y lo ...
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