Llego a mi vida, una chica sin temor a las despedidas, sin atención a opiniones de otros, una chica con una mente contradictoria, llena de un valor hacia si misma que cualquier egocéntrico envidiaría, por sentirse tan bien con ella o por lo menos por hacerle saber a los demás que nada ni nadie tiene derecho de hacerla sentir menos, una mujer real, con miedos y sueños por cumplir, con una vista clara del futuro que quiere y el que no quiere cambiar, amante de los buenos detalles, poco expresiva pero muy visual, una flor que me regalo el tallo de una flor para admirar las espinas y luego regalarme los pétalos.
Mientras las personas que más quieres guardan su futuro en maletas para emigrar a un lugar mejor quedamos pocos con la esperanza de que todo mejore o quizás que llegue un golpe de suerte que nos saque de aquí y nos lleve a un futuro mejor junto a ellos, quedamos pocos esperando que las despedidas acaben o que llegue el día en que las despedidas llenas de lágrimas se conviertan en bienvenidas con rostros de alegría, quedamos pocos que queremos lo mejor en el piso o la tierra donde nos paramos, esperamos que vuelvan esos tiempos de gloria, esos que ahora recordamos como los días que éramos felices sin saberlo, sobre todo los jóvenes que tenemos una idea un poco más simple de “esos días”, es triste decir adiós o mucho peor prepararte para decirlo, no se trata solo de que día a día vemos como se afecta nuestro mejor patrimonio que es nuestro país, se trata de que nos separan cada vez más, no solo en distancia sino en pensamiento, que se trata de que nos enfrentamos a nosotros mismos, y lo ...
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