Luego
de estar solo, de vivir la tan idealizada idea de conseguir alguien en algún
momento aunque en realidad viviendo esa rutina de un hombre sin motivos, nos
caracterizamos como esos a los que solo nos importa lo que se le llame placer y
a lo que cualquier instinto de sentimientos le decimos que no, eso cambia solo
cuando nos enamoramos, somos personas que nuestro único sentimiento es el
egocentrismo, y pues resulta grato ser así porque todo depende de la
autoestima, si te sientes bien todo está bien y así, pero hoy les contare una
historia en base a eso, vi a una vieja amiga, debo confesar que en un momento
fue más que eso, aunque ella no lo supo o quizás si lo hizo no quería creerlo y
créanme que fue hace tanto que no creo que se haya equivocado, un cambio en su
decisión creo que le hubiera quitado el sentido a existir ese día, para mi
sorpresa porque no lo recordaba ella me había conocido como un hombre
egocéntrico, en realidad lo era o lo soy aunque ya no como antes que era de una
manera excesiva, solía ser alguien muy seguro de mí mismo y sin ningún miedo a
cometer errores cosa que actualmente solo puede ser ese día, gracias a ella.
Todo comenzó el día anterior hablando de una manera tranquila y quedamos en vernos, para no entrar en detalles, nos terminamos viendo media hora después porque para variar iba retardado, al final entre donde vernos y esas cosas decidimos ir a mi casa a escuchar música y hablar de nuestras vidas, llevábamos tiempo sin vernos y pues habrían muchas cosas que conversar y como somos prácticamente vecinos yo podría acompañarla a su casa así estuviéramos hasta tarde hablando, llegue al lugar de encuentro la vi de lejos tratando de no reírme de su estatura, aunque como dice ella “lo bueno viene en frascos pequeños”, le pase por un lado, reí, voltee, me insulto y me abrazo, me dio un beso en la mejilla, muy de ella con esos centímetros de distancia del labio que uno con el tiempo aprende a entender, en fin caminando toque su piel, pues la llevaba abrazada de la cintura, me gustaba su silueta y la textura de su piel me parecía perfecta aunque suene algo enfermo, juro pensar en ella en su desnudes y en lo sexy y provocadora que suele ser, sobretodo porque posee una mirada intensa con unos ojos castaños con un cierto parecido a los míos en fin borre todo eso y seguimos caminando y volví a ser un amigo y a dejar de pensar en cosas que no pasaran como siempre, llegamos a mi casa y hablamos un largo rato, de todo y era impresionante como reía de cada cosa y cada detalle, era interesante mientras que el momento se sentía un poco tenso, y cada palabra venía con miradas ¿de verdad quería seguirla viendo a los ojos? Pues si porque soy un hombre masoquista, me subía el ego el saber que significaban cada una de sus miradas, aunque me sentía perdido con la idea de que lo que había en sus ojos era en realidad lo que en ese momento yo pensaba, sabía que no era de esas personas que se cohíben de ser y hacer lo que quieren así que digamos que empezamos a hablar con doble sentido, sobre las tentaciones, o sobre errores o costumbres de las personas en esa situación, tratando de tener un poco claro que si pensábamos lo mismo para poder lanzarme a creer en lo que yo creía y conceder los deseos de su mirada y para no entrar en detalles de lo que sucedió aquel día utilizare una parte de una canción de Ricardo Arjona, uno de mis cantantes favoritos “Para que describir lo que hicimos en la alfombra si basta con resumir que le bese hasta la sombra y un poco más” Fue grato estar un rato juntos, abrazados riendo de lo que pasaba y siguiendo hablando de cosas que nos habían sucedido así no fueran muy relevantes, ese día ella creo de nuevo mi autoestima, ese día volví a sentirme valioso y desde ese día no hay día que no quiera que ella venga a volverme a hacer sentir así.
Todo comenzó el día anterior hablando de una manera tranquila y quedamos en vernos, para no entrar en detalles, nos terminamos viendo media hora después porque para variar iba retardado, al final entre donde vernos y esas cosas decidimos ir a mi casa a escuchar música y hablar de nuestras vidas, llevábamos tiempo sin vernos y pues habrían muchas cosas que conversar y como somos prácticamente vecinos yo podría acompañarla a su casa así estuviéramos hasta tarde hablando, llegue al lugar de encuentro la vi de lejos tratando de no reírme de su estatura, aunque como dice ella “lo bueno viene en frascos pequeños”, le pase por un lado, reí, voltee, me insulto y me abrazo, me dio un beso en la mejilla, muy de ella con esos centímetros de distancia del labio que uno con el tiempo aprende a entender, en fin caminando toque su piel, pues la llevaba abrazada de la cintura, me gustaba su silueta y la textura de su piel me parecía perfecta aunque suene algo enfermo, juro pensar en ella en su desnudes y en lo sexy y provocadora que suele ser, sobretodo porque posee una mirada intensa con unos ojos castaños con un cierto parecido a los míos en fin borre todo eso y seguimos caminando y volví a ser un amigo y a dejar de pensar en cosas que no pasaran como siempre, llegamos a mi casa y hablamos un largo rato, de todo y era impresionante como reía de cada cosa y cada detalle, era interesante mientras que el momento se sentía un poco tenso, y cada palabra venía con miradas ¿de verdad quería seguirla viendo a los ojos? Pues si porque soy un hombre masoquista, me subía el ego el saber que significaban cada una de sus miradas, aunque me sentía perdido con la idea de que lo que había en sus ojos era en realidad lo que en ese momento yo pensaba, sabía que no era de esas personas que se cohíben de ser y hacer lo que quieren así que digamos que empezamos a hablar con doble sentido, sobre las tentaciones, o sobre errores o costumbres de las personas en esa situación, tratando de tener un poco claro que si pensábamos lo mismo para poder lanzarme a creer en lo que yo creía y conceder los deseos de su mirada y para no entrar en detalles de lo que sucedió aquel día utilizare una parte de una canción de Ricardo Arjona, uno de mis cantantes favoritos “Para que describir lo que hicimos en la alfombra si basta con resumir que le bese hasta la sombra y un poco más” Fue grato estar un rato juntos, abrazados riendo de lo que pasaba y siguiendo hablando de cosas que nos habían sucedido así no fueran muy relevantes, ese día ella creo de nuevo mi autoestima, ese día volví a sentirme valioso y desde ese día no hay día que no quiera que ella venga a volverme a hacer sentir así.
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