Una tarde fui victima de mi ignorancia, había hablado de un girasol sin espinas que me conquistaba, totalmente ignorante -gracias a la misma ilusión- que los girasoles no las poseen, son flores puras y hermosas, cosa que he tenido en la cabeza porque para mi ironía yo tuve un girasol que si tenia espinas, de las cuales me fui clavando en las manos al aferrarme mas a el, a lo que significaba, a pesar de las marcas que dejo en mi piel, era incomprendido marchitaba y renacía por si solo, no necesitaba el agua ni el sol, tampoco necesitaba un florero ni estar en mis manos, estoy seguro de que si hubiera querido volar lo habría logrado, irónicamente por primera vez me vi con alguien que no me ponía en su primer lugar a pesar de florecer para mi, hoy se seco, se enterró, se fue sin mi y allí fue cuando abrí los ojos y me di cuenta que mi vida era un jardín y que me había quedado sin la única flor que le daba color.
Mientras las personas que más quieres guardan su futuro en maletas para emigrar a un lugar mejor quedamos pocos con la esperanza de que todo mejore o quizás que llegue un golpe de suerte que nos saque de aquí y nos lleve a un futuro mejor junto a ellos, quedamos pocos esperando que las despedidas acaben o que llegue el día en que las despedidas llenas de lágrimas se conviertan en bienvenidas con rostros de alegría, quedamos pocos que queremos lo mejor en el piso o la tierra donde nos paramos, esperamos que vuelvan esos tiempos de gloria, esos que ahora recordamos como los días que éramos felices sin saberlo, sobre todo los jóvenes que tenemos una idea un poco más simple de “esos días”, es triste decir adiós o mucho peor prepararte para decirlo, no se trata solo de que día a día vemos como se afecta nuestro mejor patrimonio que es nuestro país, se trata de que nos separan cada vez más, no solo en distancia sino en pensamiento, que se trata de que nos enfrentamos a nosotros mismos, y lo ...
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