Solía llamarla vida, princesa, amor, hermosa, doncella, señorita, la llamaba por su primer nombre agregándole un acento que solo yo veía a la última "I", y pues claro que no tendría sentido solo llamarla vida -aunque lo hacía- pero me parecía mejor llamarla mía, así que debo aclarar que era mi vida, mi princesa, mi amor, mi hermosa, mi doncella y mi señorita, la llame por mucho tiempo mi niña, hasta que dejó de serlo y ese apodo dejo de recordármela, la llame mi amor hasta el día en que dejó de ser mía, ya no era mi vida así que ese tampoco, princesa podría ser pero como ya no podría ser parte de mi reino seguirá siendo princesa en la boca de otra persona, y con las demás sucedió lo mismo, con el tiempo dejó de ser cada una de ellas hasta lograr ser igual de común para mí que para los demás, ahora sí hablaba de ella la llamaba por su segundo nombre -por el cual todos la conocen- y aquí estoy lanzando aquellos apodos a la basura y le pido perdón por no saber que me causa más dolor si no poder llamarla mía o saber que no lo es.
Mientras las personas que más quieres guardan su futuro en maletas para emigrar a un lugar mejor quedamos pocos con la esperanza de que todo mejore o quizás que llegue un golpe de suerte que nos saque de aquí y nos lleve a un futuro mejor junto a ellos, quedamos pocos esperando que las despedidas acaben o que llegue el día en que las despedidas llenas de lágrimas se conviertan en bienvenidas con rostros de alegría, quedamos pocos que queremos lo mejor en el piso o la tierra donde nos paramos, esperamos que vuelvan esos tiempos de gloria, esos que ahora recordamos como los días que éramos felices sin saberlo, sobre todo los jóvenes que tenemos una idea un poco más simple de “esos días”, es triste decir adiós o mucho peor prepararte para decirlo, no se trata solo de que día a día vemos como se afecta nuestro mejor patrimonio que es nuestro país, se trata de que nos separan cada vez más, no solo en distancia sino en pensamiento, que se trata de que nos enfrentamos a nosotros mismos, y lo ...
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